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Homenaje al dr. Mario J. Molina, Premio Nobel de Química y Reunión de las Agrupaciones Políticas Nacionales Movimiento Causa Nueva y Movimiento de Expresión Política, para la Firma del Acuerdo de Chapultepec.
PALABRAS DEL DIPUTADO LUIS ANTONIO RAMÍREZ, PRESIDENTE DE MOVIMIENTO DE EXPRESIÓN POLÍTICA.
 

Señoras y señores:

Tenemos en el Acuerdo de Chapultepec una vigorosa respuesta de la sociedad a lo que en este momento crítico y turbulento de la vida nacional es, en mi opinión, la mayor y más urgente necesidad de la patria mexicana. La urgencia y la necesidad de la unidad, de recuperar la cohesión y la fortaleza de su sistema social, económico y político.

En el Movimiento de Expresión Política que me honro en representar, creemos que la crisis que hoy afecta al conjunto de nuestra formación social expresa la rigidez, la obsolescencia o la inadecuación de muchas de las estructuras e instituciones que no hemos modificado desde que fueron creadas en ese gran impulso creativo y transformador que siguió a la guerra revolucionaria y a la promulgación de la Constitución.

Creemos, por tanto, en la necesidad y la urgencia de las profundas reformas y actualizaciones que requiere nuestra sociedad, empezando, desde luego, por el rediseño y la inmediata actualización del Estado, para abrirlo a la participación popular, a la ciudadanización del poder político y a la realidad nacional e internacional del siglo XXI.

Por eso creemos en la unidad nacional alrededor de principios y objetivos como los que propone el acuerdo, y creemos que el único fundamento legítimo y viable para esa unidad es la democracia. La democracia en su modalidad mexicana, la nuestra, es decir, según la define el artículo 3° constitucional, no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo; construir ese estilo de vida, lograr ese constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo, es la razón de ser fundamental de nuestra agrupación política.

Es por eso que en este acto, en el que suscribimos nuestra adhesión entusiasta al Acuerdo de Chapultepec, queremos poner énfasis en el combate a la pobreza, a sus causas profundas y a sus consecuencias. Creemos que no puede haber unidad nacional ni desarrollo en una sociedad donde las lacras de la pobreza afectan a más de la mitad de su población y donde, según cifras oficiales, el 17 por ciento está en pobreza extrema, es decir, en la indigencia, porque percibe menos de 52 dólares mensuales, es decir, menos de 20 pesos diarios.

Sabemos que no hay soluciones fáciles ni recetas mágicas para combatirla, y menos aún para erradicarla de la noche a la mañana. Pero también sabemos que no es con caridad o asistencialismo y menos aún, con la demagogia fácil del populismo, como se debe combatir.

Sabemos que la tarea es ardua y compleja, que hay que ir a las raíces; es decir, a las causas de la pobreza, y puesto que éstas son muchas y muy profundas, tenemos que empezar por las más manejables y al alcance de la acción social y gubernamental.

Proponemos a quienes integran esta asamblea ciudadana, poner énfasis en el combate a la pobreza en la generación de empleo, en mejorar la calidad del mismo y convertir al empleo en un mecanismo seguro de constante elevación del nivel de vida y de consumo de los trabajadores.

Vistos por separado y al margen de una cobertura ideológica y política superior, estos objetivos parecen utópicos e irrealizables, pero no lo son si los colocamos en la perspectiva correcta de una recuperación sustantiva del aparato productivo nacional, de una reactivación del ritmo de crecimiento de nuestra economía, que pudimos sostener en momentos más propicios de nuestro desarrollo reciente.

En Movimiento de Expresión Política no vemos otra forma posible de abatir la pobreza. Por eso creemos que entre nosotros los mexicanos la clave del combate a la pobreza está hoy en la formulación de una política de Estado que reactive la economía nacional, más allá del modelo maquilador y exportador de mercancías fabricadas por otras economías, que al final son las que captan las ganancias y tuberculizan la creatividad y el potencial productivo de los mexicanos.

No es teoría ni obcecación ideológica, lo dice la realidad vivida en las últimas décadas, especialmente en el sexenio que acaba; lo dice la dura realidad económica, social y política, desde la que ha surgido el Acuerdo de Chapultepec.

Tenemos una economía casi paralizada, con una tasa de crecimiento pareja en el crecimiento demográfico y, por tanto, sin opción para generar empleo ni capitalizar al país; su mejor capital humano, la mejor fuerza productiva de la nación, sus jóvenes, hombres y mujeres, están siendo entregados a otra economía a un ritmo aterrador, un promedio de más de 400 mil trabajadores cada año en busca de empleo y mejores condiciones de vida, de seguridad para los suyos, de esperanza y de futuro para sus hijos.

Por eso creemos en la urgente necesidad de un nuevo modelo de desarrollo, capaz de construir las bases de una economía mexicana menos dependiente, más creativa, fundada principalmente en el desarrollo y el crecimiento del mercado interior, que no puede ser, como es hoy, un mercado deprimido por la pobreza y la baja capacidad de consumo y, peor aún, un mercado interior que, a pesar de su debilidad, alimenta hoy la prosperidad de los productores extranjeros que cada día desplazan a nuestros productores mexicanos en todos los campos de la economía.

Estamos convencidos de que con el Acuerdo de Chapultepec tenemos una formidable plataforma ideológica y política para movilizar a las dos únicas fuerzas capacitadas para definir el nuevo modelo de desarrollo económico que necesitamos: la sociedad civil y las instituciones gubernamentales del Estado.

Hagamos que el acuerdo incentive y movilice esas fuerzas hacia la dinamización de la economía nacional, hacia la recuperación de los ritmos de crecimiento que tuvimos en tiempos mejores, hacia el rescate de nuestro mercado interior como base indispensable del desarrollo de la capacidad productiva de nuestros campos, de nuestra industria, de nuestras empresas, es decir, de nuestra economía nacional. Tenemos la certeza de que los objetivos del Acuerdo de Chapultepec van justamente en esa dirección.

Por nuestra parte, creemos firmemente que el combate a la pobreza y el crecimiento y desarrollo de la economía nacional son los desafíos más trascendentes y fundamentales que hoy enfrenta nuestra patria, que son las dos caras de un mismo desafío, que están en la base de todos los demás problemas y deformaciones que degradan a nuestra sociedad.

Con esa convicción, nos sumamos hoy a la gran corriente ciudadana que respalda el Acuerdo de Chapultepec, porque creemos en México y porque estamos firmemente decididos a darlo todo y hacer todo lo que sea necesario para asegurar el desarrollo, la prosperidad y un futuro diferente; independiente y mejor, que nuestra patria se merece.

Muchas gracias.